El "pedio" de la novia se celebraba el sábado anterior al domingo en que se realizaba la primera publicación o amonestación de deseo de contraer matrimonio en la iglesia. Existía la costumbre de que en la Misa Mayor, durante tres domingos siguientes, se leyera estas amonestaciones de las parejas de novios que pensaban contraer matrimonio próximamente, por si pudiera existir algún impedimento por el cual no pudiera celebrarse el matrimonio deseado. La forma empleada generalmente erala siguiente: A la hora del ofertorio, bien el sacristán o bien el mismo celebrante en ausencia de éste, leía textualmente:
"Desean contraer el Santo Sacramento del Matrimonio, según ordena la Santa Madre Iglesia. Don ...... , hijo de ...... y ......; soltero, natural de ...... y vecino de ésta; con Doña ......, hija de ...... y ......,soltera, natural de ...... y vecina de ésta. Si alguien conociese algún impedimento por el que este matrimonio no puede ser celebrado lo manifestará al Sr. Cura bajo pena de pecado mortal".
En esta misa no podía estar presente la novia, ni en los siguientes domingos en los que serían realizadas las amonestaciones reglamentarias. Es más, la novia, durante este tiempo se encontraba obligada a permanecer en casa, sin hacer acto de presencia en fiestas, paseos,...; ni siquiera efectuar los recados propios de la casa que tuviera que realizar fuera de la misma.
El acto del "pedio" (solicitar la familia del novio a la familia de la novia el consentimiento del matrimonio de los jóvenes) se efectuaba el sábado referido, generalmente por la tarde-noche.
Llegaban a la casa de la novia, donde aguardaba la familia de la novia e invitados, los padres del novio, acompañados de sus familiares e invitados. Los padres del joven comunicaban a los de la joven el motivo de la visita: "Que los muchachos se querían y que deseaban casarse si consienten y ven a bien el que mi mozo empareje con tu moza..." Una vez que los padres de la novia conocían las intenciones y daban su consentimiento. "Digo que si lo desean, que así se haga."
Se procedía entonces a la entrega de la "manzana" (regalos que recibía la novia y que les servía para comenzar la nueva vida que iba a empezar para los novios). Pasaba en primer lugar el padre del novio y entregaba a la novia, que se encontraba sentada ante una mesa, en una sala aparte, acompañada de la que iba a ser la madrina de la boda y alguna de las amigas más intimas, la "manzana" (cantidad en metálico) depositándola en una bandeja preparada para el caso. Unos asentadores, generalmente hombre allegado o familiares que supieran escribir y de cuentas, anotaban la cantidad entregada. Seguidamente la madre del novio entregaba a su vez su regalo, consistente, habitualmente, en la tela para confeccionar el vestido de boda de la novia. Tampoco se olvidaba de entregar algunos regalos a los padres y hermanos, si los había, de la novia: Pañuelos, alguna camisa, calcetines... para los varones; medias, pañuelos de cabeza,... para las hembras. Como es lógico, la riqueza y cantidad de estos dependía de la mayor o menor capacidad económica de la familia. A continuación pasaban los invitados por parte de la familia del novio a depositar la "manzana". El importe de la cantidad entregada quedaba anotada por los asentadores.
Una vez terminado el desfile de los invitados de la familia del novio, se guardaba la cantidad recaudada, pasando a continuación, con el mismo ceremonial, los padres e invitados de la familia de la novia que depositaban asimismo su propia "manzana". Se realizaba seguidamente el recuento de lo recaudado por ambas partes y se hacía público lo alcanzado. Se guardaba el capital, y entonces salían a buscar al novio, que durante todo este ritual. ha estado fuera con el grupo de amigos más allegados, y se procede a tomar el "refresco", convite consistente en dulces, licores, ponche,... todo ello normalmente elaborado en casa para esta ocasión.

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